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Monken al mando: dudas internas y la sombra de Jimmy Haslam en la decisión de los Browns

1 de febrero de 20263 min de lectura
Monken al mando: dudas internas y la sombra de Jimmy Haslam en la decisión de los Browns

La búsqueda de entrenador en jefe de los Cleveland Browns, que se prolongó durante 23 días y pasó por numerosas entrevistas, terminó con la contratación del experimentado coordinador ofensivo Todd Monken, procedente de los Baltimore Ravens. No fue, a simple vista, la opción más rutilante del mercado; no era el candidato que hacía sonar todos los teléfonos. Pero su trayectoria y los éxitos recientes como coordinador justifican la apuesta por un técnico de recorrido.

Con el paso de las horas la llegada de Monken ha ido sumando apoyos públicos: exjugadores y colegas han destacado su capacidad y experiencia, y eso ha calmado —en parte— a una afición hambrienta de certezas. Aun así, una voz autorizada dentro del periodismo deportivo local ha sembrado la idea de que esta contratación refleja una tensión interna entre la propiedad y la dirección deportiva.

Jason Lloyd, de The Athletic, comentó en The Ultimate Cleveland Sports Show que Monken no es el fichaje más llamativo y que la decisión parece más próxima al gusto del propietario Jimmy Haslam que al del gerente general Andrew Berry. Según Lloyd, si Berry hubiera podido imponer su criterio, quizá los Browns habrían optado por una apuesta más joven y de perfil analítico, como Nathan Scheelhaase.

«¿Es un fichaje de jonrón? No. ¿Van a ganar la conferencia de prensa con eso? Probablemente no, pero los Browns han ganado muchas conferencias de prensa y perdido muchos partidos. Esperaremos a ver. Da la sensación de que Jimmy está haciendo lo de siempre», dijo Lloyd, mostrando escepticismo sobre la lectura mediática de la elección.

Es una lectura comprensible: en temporadas anteriores la organización se ha visto fragmentada por decisiones contradictorias y cambios constantes en el banquillo. Kevin Stefanski logró, sin embargo, traer una relativa estabilidad durante seis años al frente del equipo, algo que parecía una rara pausa en la rueda de entrenadores que giraba sin descanso. La esperanza ahora es que Monken mantenga esa línea y no desate otra etapa de inestabilidad.

La esperanza es que todas las piezas —propietario, gerencia y cuerpo técnico— estén finalmente alineadas. Los Browns no pueden permitirse más ciclos de construir y deshacer: el club necesita continuidad, claridad en la planificación y, sobre todo, resultados en el campo. Monken llega con un bagaje ofensivo notable; la pregunta es si ese talento táctico se traducirá en victorias y en una convivencia armónica con la dirección deportiva.

¿Será Monken el técnico que cierre la brecha entre la órbita del dueño y la filosofía del general manager? ¿O estamos ante otra decisión que, por popularidad, no convence a la grada ni a la prensa? Lo cierto es que en Cleveland hay ilusión contenida y expectación: el nuevo entrenador ya está en el club, y quienes todavía dudan tendrán que subirse al carro si quieren seguir creyendo en la reconstrucción.

Al final, más que titulares y ruedas de prensa, lo que importará serán los domingos. Monken tendrá su oportunidad para demostrar que la experiencia gana partidos; los Browns y su afición esperan que así sea.


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